Entrevista a Carlos Schwartz
El arquitecto tinerfeño Carlos Schwartz se ha ganado fama de ser un inconformista y altamente crítico con la realidad que le rodea. Desde esa atalaya situada a medio camino entre al arte y la técnica que es la arquitectura, se dedica a lanzar una mirada muy pesimista,cuando no amarga, hacia el panorama cultural y social de la capital tinerfeña.
-Usted es uno de los máximos defensores de la exposición de esculturas en la calle. Hace pocas fechas, el Colegio de Arquitectos hizo un recorrido por las ramblas para observar el estado de la piezas.
-Pues la verdad es que la exposición de las esculturas en la calle está de actualidad, pero desgraciadamente a raíz de que a la obra de Chirino le hayan pegado un tajo. Lo siento pero me parece inadmisible que algún miembro de un ayuntamiento cualquiera pueda ordenar semejante barbaridad. Y digo más, estoy casi convencido de que, pese a que había un informe que alertaba del mal estado de la escultura, lo cierto es que estaba perfectamente. Esa pieza está hecha de acero cortén y tengo la sensación de que alguien confundió el aspecto de hierro viejo con que estaba en mal estado. Lo que ocurre es que en la plaza de Europa hacen fiestas en Carnaval y tenían miedo a que la gente trepara por la escultura. Esa al menos es la versión que da el alcalde de una forma, a mi entender, aviesa. Hubiese bastado con vallar la pieza.
-También, como mucho, se la podían haber llevado en peso.
-Pero no hace falta y además todo esto teniendo en cuenta que estuviera mal, que yo dudo que sea así. Todo lo que ha pasado es muy lamentable. Incluso cortaron la escultura por el peor sitio. Ahora restaurarla cuesta un montón de dinero. No sé en qué estaban pensado. Tal vez creían que eso era un montón de chatarra que estaba tirada allí. La sensibilidad cultural en Santa Cruz es cero y el alcalde, Miguel Zerolo, es el gran responsable.
-No es la primera vez que alguien culpa a Zerolo de causar daños en una escultura.
-Sí, cuando era concejal de Parques y Jardines también se hizo famoso por atentar contra una obra del escultor Eduardo Paolozzi, que para mí es uno de los autores más rigurosos que he conocido nunca. Encontramos un lugar en el parque García Sanabria para poner su obra. Alguien denunció que a ese sitio iban las parejas, lo que llegó a escandalizar a ciertos sectores de la sociedad chicharrera. Por ello, el entonces concejal, con la ayuda de un artista que no quiero nombrar, rodearon a la pieza de una charca lo que supuso la perdición de la obra, ya que el agua la comenzó a minar. Al final hubo que reconstruirla porque quedó totalmente destrozada.
-¿No ha habido ninguna corporación local que haya sido sensible a la exposición de esculturas en la calle?
-La única fue la que presidió José Emilio García Gómez. En ese mandato se arreglaron las que había y se llevó a cabo la segunda muestra. Este patrimonio es una seña de identidad pese a la actitud de nuestros munícipes.
-Creo que hubo otro episodio para olvidar con el artista japonés Kan Yasuda.

-Yo formaba parte de la comisión creada por el Colegio de Arquitectos para elegir esculturas y traerlas a la ciudad. Así trajimos la que está situada frente al teatro Guimerá. También conocimos a este escultor. Se le hizo una propuesta y eligió poner una de sus obras en la rambla de Las Tinajas. El Ayuntamiento accedió, pero cuando la escultura estaba aquí el alcalde dijo que no la quería porque podía perjudicarle electoralmente. Todavía no sé que es lo que quiso decir, porque si hay algo que beneficia a un candidato es hacer aportaciones culturales. Al final la obra permaneció durante cerca de un año embalada en el puerto. Todo ello supuso que junto con el artista recorriéramos la Isla y después de visitar un montón de sitios se quedara encantado del lugar en el que está situada actualmente, en Garachico.
-En este caso más que de un atentado estamos hablando de una pérdida.
-Sin duda. La primera exposición de Santa Cruz ha sido anterior a otras que se han llevado a cabo en otros lugares como la ciudad alemana de Münster, que sin embargo cuenta con un centro de investigación sobre la serie de exposiciones de esculturas en la calle que se han celebrado allí y en el que hay que pagar para entrar. Ese cuidado e interés parece hoy por hoy impensable en Santa Cruz. Las exposiciones en Münster se llevan a cabo cada diez años y generan un movimiento económico que ayuda a soportar y conservar estas piezas. En esa ciudad se toman muy en serio el mantenimiento sus propias esculturas, no como ocurre aquí.
-¿Qué le parece la idea de declarar a estas esculturas como Bien de Interés Cultural (BIC) para garantizar su conservación?
-Me parece bien, pero no estoy seguro de que declarar algo BIC vaya a garantizar que no va a desaparecer. Es como declarar la Cruz de Piedra BIC. Pues muy bien, pero no creo que a nadie se le vaya a ocurrir tirarla. Está bien porque va a garantizar que estas piezas estén mejor conservadas, pero a veces me parece un poco inútil.

-Es como una especie de desconfianza que tenemos hacia nosotros mismos. No estamos seguros de lo que vamos a hacer y por eso lo declaramos BIC.
-Sí efectivamente.
-¿Qué le parece el estado de conservación de las demás esculturas?
-Pues hay de todo. Algunas tienen pintadas y en general se ha actuado de forma poco sistemática. Otro ejemplo de mala gestión es la escultura del artista portugués, de primera fila, José de Guimaraes. Después de años todavía no se ha culminado un pequeño trámite para que la pieza tenga agua alrededor. Aquí falta sensibilidad. El Ayuntamiento ha recibido gratuitamente obras valiosas que después no cuida.
-Otra de sus preocupaciones es la falta de iniciativa de la ciudad para convertirse en capital cultural, como está haciendo Las Palmas de Gran Canaria.
-Me parece estupendo lo que está pasando allí porque significa que hay iniciativa. Hace años el PSOE apostó porque toda la Isla fuera capital cultural. Esa propuesta llegó al Cabildo y fue aceptada, pero de aquello no ha quedado nada. No tengo el menor afán competitivo con Las Palmas de Gran Canaria, pero me parece una lástima la falta de sensibilidad cultural que hay aquí. Si los políticos no lo inculcan, sino encima dan mal ejemplo, pues mucho menos se lo pueden exigir a los vecinos. Debemos obligarnos a sensibilizar a la población y a concienciarnos de que todos somos el Ayuntamiento.
Santa Cruz de Tenerife Abril 2011


