cabecera_N5

nº entradas:: 747

LA DERIVA DEL URBANISMO CANARIO

MB_01A poco que se observe los modos de darse el planeamiento de los últimos años, es más que evidente el bajo perfil que ha ido adquiriendo el urbanismo canario. Se ha ido dibujando un  panorama más que preocupante de repercusiones notables sobre el escenario de nuestras vidas; la ciudad y el territorio. Y es esto lo inquietante.

 

Las carencias que el planeamiento manifiesta son de muy diversas etiologías y de raíces muy diferentes, entre otras cosas porque cada territorio y cada plan es un mundo. Podrían ir desde la corrupción lisa y llana a la ignorancia más palmaria. Sin embargo, si hubiera que optar por trazar un denominador común, (con algunas honrosas excepciones), este sería el de la falta de profundidad intelectual. Es como si una insoportable levedad de los contenidos, parafraseando a Kundera, envolviera a los planes.

MB_05

Esta superficialidad se debe, en gran medida, al modo de entender el territorio y la ciudad, que se inicia siguiendo con una trayectoria, en el contexto europeo, que hunde sus bases teóricas bien con Cerdá y su “Teoría de la Urbanización”, y su plasmación el ensanche de Barcelona, a mitad del siglo XIX, bien con la manualística alemana con los handbücher de Stüben, de Baumeister o de Eberstadt, a finales del mismo siglo.

En ellos ya estaba contenida una visión del mundo que podríamos adjetivar como laplaciana, donde todo es previsible y explicable mediante unas pocas reglas, como si el fenómeno urbano y territorial fuera como una maquinaria. Esta concepción continuó a lo largo del siglo XX,  que tuvo su punto álgido en la década de los 60, cuando la disciplina se inviste de un cientificismo extremo, algo que caracterizó en ese periodo a gran parte del saber. Sin embargo esta atmósfera terminó ahogando al propio Urbanismo ya en los años finiseculares. Y es que la ciudad y el territorio iban en una dirección, mientras que su proyecto iba por otra. Los deslizamientos entre lo proyectado y la realidad eran tan acentuados que desembocó de la única manera posible; la una puesta en crisis de todo el aparato científico-técnico, cuestionando, así, la eficacia de los modos de intervención.

Hoy sabemos que la complejidad es lo que caracteriza a todo este mundo, y por ello no reducible a una idea base. La incertidumbre, pues, debe vincularse a cualquier proyección de futuro, y a entender no que es posible determinarlo todo, tampoco dibujarlo como un mosaico cuyas teselas encajan a la perfección, el dibujo contendrá partes en blanco, sin definición, o con definiciones laxas. No obstante, y esto es algo que se olvida con demasiada frecuencia, tanto la ciudad como el territorio contienen en sí grandes inercias. Lo que quiere decir que no son “recipientes vacíos” donde todo cabe, como tampoco pueden asumir cualquier cambio, como algunos tienden a pensar. El soporte físico tiene sus limitaciones, y en Canarias, me parece, son altas.

MB_072La pregunta que asalta en esta tesitura es: ¿qué ofrecen en estos momentos los planes, como proyectos, a los territorios, a las ciudades? La respuesta queda suspendida en el aire, porque la mayoría de éstos no van más allá de una repetición de tópicos, de imágenes y de fórmulas precocinadas. Todo un dejà vu que revela más las carencias que la carnadura que todo plan tendría que tener.

 

Es claro, en estos momentos, el desplazamiento del centro de gravedad del urbanismo en Canarias que, en parte, va desde la preocupación por los aspectos vinculados a lo físico hacia el orbitar sobre las cuestiones ligadas a la enrevesada legislación y a los modos de gestión, (algo que no nos debe sorprender si contemplamos todo lo sucedido en los últimos años, con tribunales incluidos). Sin embargo, aunque estas dos cuestiones no son asuntos banales; son, sin duda, componentes propios de los planes, no deberían anteponerse ni dominar sobre las definiciones de forma y su necesario estudio.

MB_06Un repaso a los nuevos crecimientos, a las nuevas ampliaciones, limítrofes con los vacíos, ya sean naturales o agrícolas, planteados por los planes, muestra la pobreza de sus respuestas morfológicas, en gran medida ajenas a los lugares donde se despliegan. Es como si una manera de hacer, derivada de la costumbre y del ejercicio repetitivo, fuera despojando paulatinamente de contenidos y uniformado las soluciones. Una buena ciudad decía Manuel Solá Morales es aquella que tiene buenas casas, buenos comercios, buenas plazas y buenas calles. Esto es justo lo contrario a lo que acontece, porque las calles son concebidas como dos líneas paralelas dibujadas sobre un plano, y no como lo que deben ser; espacios urbanos complejos relacionados con lo existente. Esta reducción es la que hace de las nuevas tramas dibujos sin sentido; sin sentido del territorio y sin sentido de la ciudad.

Falta mirada, es decir; falta análisis. Éste se ha esclerotizado. Sigue estando sustentado sobre los mismos criterios desde hace 30 o 40 año; la trama y su jerarquía, la edificación, la parcelación, la ocupación, la altura, la edad, los usos. Datos que son inevitables barajar, pero que no son suficientes para bucear, con acierto, en la diversidad de los pliegues que el fenómeno urbano se manifiesta. La insuficiencia es algo que ya, de por sí, manifiesta su carencia, y también la incapacidad de la práctica urbanística canaria de “leer” la ciudad y el territorio. La ausencia de una mirada reflexiva es evidente, basta con ojear como los nuevos trazados ignoran todo lo existente. Hay que saber que tanto el territorio como la ciudad no son hojas en blanco sobre las que escribir cualquier cosa, en realidad constituyen todo un mundo rugoso, lleno de marcas para quién quiera verlas, que son guías para la transformación, que evitan la deformación de los lugares de intervención. Con relación a esto el urbanismo canario adolece de ceguera.

MB_02La mirada, pues, es básica porque sobre ella se sustenta el proyecto. No hay proyecto sin mirada, por eso la ausencia de un buen análisis genera un diseño insustancial. Una insustancialidad que se ha ido acomodando, con pasos silenciosos, paulatinos, sobre la cultura urbanística, la política y el territorio, que neutraliza cualquier intento de proposición crítica con la realidad misma. Y es que se trabaja ya con una respuesta apriorística en el momento analítico. Da igual la realidad, la forma de la intervención ya se sabe cuál es de antemano; es un “ya pensado” que se encuentra en la mayoría de los planes generales y parciales. De facto, este proceder anula el análisis porque le es indiferente. La cuestión es que hay que trabajar de modo distinto, asumiendo que no hay respuesta como antecedente, sino que es el análisis el que provoca una respuesta inusitada, congruente con el lugar.

La realización de un plan necesita tiempo. Tiempo para observar y tiempo para armar una mínima estrategia de la modificación nacida como consecuencia de la mirada. Un plan, cualquier plan, no puede entenderse como un producto fabril donde prime el menor tiempo posible como desiderátum de una producción en masa, so pena de cometer un craso error en urbanismo. El tiempo es algo indefectible al acometer un plan porque permite que la experimentación y la evaluación de las decisiones existan.

Aunque no es solo tiempo lo que se necesita, quizás, el intento de asir todo un territorio sea una tarea, hoy, ingente, inabarcable, por la propia complejidad que lo envuelve, y que no tenemos instrumentos capaces de discernir en su totalidad. Quizás debería tender el planeamiento a ajustarse a sí mismo, esto es; a ponerse límites, afrontando las tareas sobre algunas áreas, no más. Así se garantizaría una dimensión que permitiera reflexión y conocimiento. Sobre el resto del territorio y de la ciudad un principio de continencia, y subrayando la importancia de los vacíos como elementos que pueden estructurar el territorio. Pero esto ya son cuestiones aparte que sobrepasan la longitud de este artículo.

MB_08

 

Fuere como fuere, si es propio del urbanismo fundamentarse sobre la razón técnica, diversa de la razón política el primer paso, como paso inexcusable, es el de construir un artilugio que nos permita mirar con nuevos ojos, conjurando esta ceguera característica del urbanismo canario que, a la postre, deslegitima cualquier argumentación. Entre lo que existe y lo que se propone hay tal disparidad que anula cualquier argumento. El proyecto debe derivarse del lugar, no implantarse con violencia en el mismo. En el lugar están las claves del cambio, solo hay que realizar el esfuerzo de verlas.

 


 

 

Manuel Bote, arquitecto.

 

Comentarios  

 
+3 #1 Araceli Reymundo 09-01-2012 12:41
Magnífico artículo. Esperemos que estas reflexiones y todas las que puedan hacerse desde nuestro colectivo fomenten un cambio de dirección en cuanto a la sensibilidad, ingredientes y prioridades que deberían tenerse en cuenta en el diseño de nuestro frágil territorio. Saludos y feliz año.
Citar
 
 
-3 #2 José Vera 11-01-2012 19:08
Desmanes hay para dar y repartir. En los próximos años no habrá ninguno. No porque reflexionemos más si no porque no hay negocio en la construcción. Es triste pero cierto.

LLegará un "Pocero" que acabe con toda buena teoría y vaya al negocio puro y duro.

Qué bonito es el urbanismo teórico, parece que podemos cambiar el mundo pero es el mundo el que nos cambia.
Citar
 
 
+2 #3 Juan Ramírez-Guedes 13-01-2012 10:44
Felicidades Manolo. Excelente artículo.
Citar
 

Escribir un comentario


 
             

COAC_Fuerteventura_250px COAC_Lanzarote_250pxCOAC_Gran_Canaria_250pxCOAC_Tenerife_250px